PARTE 1: INVESTIGACIÓN
- Lucía Montilla
- 29 oct 2025
- 39 Min. de lectura
Esta parte es, prácticamente, lo que en un TFM al uso sería el marco teórico.

Nuevo periodismo y cómo encaja en el panorama actual de medios
En los últimos 20 años la tecnología ha evolucionado a un ritmo vertiginoso y las formas de consumir y producir información se han tenido que adaptar a ella. Muchos hablan de una nueva forma de hacer periodismo, pero, ¿en qué consiste?
Dentro de este nuevo marco informativo, donde, en muchas ocasiones, el poder se cede al ciudadano, el periodismo tradicional no desaparece, sino que tiene que adaptarse a las necesidades emergentes: interactividad e hipertextualidad. Así, según Pampillón (2016), los nuevos géneros periodísticos tendrán que reunir “la profundidad de la prensa, la simultaneidad de la radio y la imagen de la televisión”.
Con la forma de hacer periodismo también ha evolucionado la figura que lo acompaña: el periodista. Desde la llegada de Internet hay un nuevo perfil del periodista y este podría llamarse ciberperiodista o periodista multimedia (Pampillón, 2016).
En palabras de Sandoval (2001), la creatividad y la formación son las dos piezas clave para determinar el éxito de la profesión. Esta tendencia de hacer periodismo es un “todo en uno” y así también debe ser la figura del comunicador, un periodista orquesta (Meso, 2003).
Las habilidades propias del oficio periodístico se presuponen, y a estas se suman otras nuevas, como el dominio de la tecnología, el quehacer informático y el conocimiento de herramientas interactivas que impacten y causen un estímulo en la audiencia. Además, debe dominar herramientas y programas especializados en imágenes, tanto fijas como en movimiento, sonido y diseño (Sandoval, 2001).
El manejo de los entresijos de la web y de las redes sociales se convierte una tarea obligatoria, pues ahí es donde se cocinan muchas de las noticias que llenan las cabeceras cada jornada (Meso, 2003).
Según Deuze (2001), para identificar cómo Internet ha provocado la emergencia del periodismo online, se tiene que estudiar de dos formas: según los avances técnicos en las redacciones y equipos utilizados; y también en cuanto a la evolución del perfil profesional en sí, por la cual el periodista ha tenido que adaptarse y desarrollarse en el ámbito del periodismo digital.
De acuerdo con Moller (2013), los periodistas digitales tienden a abarcar muchas noticias de diferente índole y, por tanto, su nivel de especialización es menor. Así, aunque proporcionan noticias veloces y abarcan muchos temas, podrían incurrir en la falta de profundidad.
Esta figura ha cambiado el modus operandi a la hora de ofrecer una información. Los contenidos cada vez son más participativos e interactivos, el usuario deja de ser un receptor pasivo y se reconoce su valor, tanto a la hora de consumir información, como de producirla. Por tanto, cualquier ciudadano podría asumir el rol de periodista (Pampillón, 2016).
De acuerdo con Deuze (2001), el periodismo actual, es decir, el periodismo digital, obliga a pensar siempre en el formato que se va a emplear a la hora de cubrir una información, pues la multimedialidad es característica de este tipo de periodismo. Asimismo, este formato debe asegurar la interacción del usuario, es decir, que haya feedback y que, si quiere, pueda añadir contenido. Por otro lado, cualquier contenido debe guiar o enlazar al usuario a una nueva de información, es decir, debe ser hipertextual.
En menor medida, el periodismo tradicional ya cumplía con estas características. Siempre fue multimedia, pues combinaba texto e imágenes. Era interactivo cuando abría espacios para que los usuarios participaran, bien a través de cartas al director o incluso con relatos anónimos. Por otro lado, desde sus inicios era hipertextual, pues en su portada se indican los temas más destacados y en qué páginas puedes encontrarlos. Es más, esto último hace que el consumo del periódico no sea lineal, sino que el lector lo consuma en función de las noticias que más le interesen.
Moller (2013) hace hincapié en que, mientras el periodismo tradicional se considera más profundo, al periodismo digital se le devalúa. Sin embargo, no es que el periodista digital no tenga capacidad de investigar, sino que se está adaptando a las demandas de un usuario que cada vez tiene menos tiempo y, a la vez, más información que quiere consultar. Hay más contenidos, pero no son tan extensos, lo cual no implica menos veracidad.
1.1. Panorama actual de los medios de comunicación
La Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) publicó en febrero el Marco General de los Medios en España 2022 (datos de 2021). Esta publicación anual analiza las audiencias de los diferentes medios españoles. Así, los periodistas y profesionales de la información pueden obtener datos concretos tanto de los usuarios de televisión, radio y medios digitales, como de aquellos que consumen información a través de comunicación exterior (marquesinas, vallas publicitarias, mupis…).
Este informe da una imagen muy completa de las diferentes características del consumo mediático en España y se vuelve muy relevante para los medios digitales a la hora de decidir su público objetivo y los formatos por los que se extenderá el contenido.
La AIMC analiza diferentes medios y formatos: diarios, suplementos, revistas, televisión, cine, Internet y exterior. Cada uno de estos grupos es muy complejo y, por tanto, un análisis más detallado no es factible.
Cuando se hace referencia a Internet hay que tener en cuenta que en este grupo entran tanto diarios digitales, como redes sociales y plataformas de VOD y streaming.
Los servicios de mensajería instantánea (WhatsApp, Telegram, Messenger…) son consumidos por más del 97% de la población. Les siguen los servicios de búsqueda de información (Google, Ecosia, Mozilla…) con un 81%, y el correo electrónico, con un 78%.
Las redes sociales ocupan el cuarto lugar del ranking, con un 70%, y la lectura de información de actualidad (podemos intuir que se trata de diarios digitales) ocupan el quinto puesto con casi un 64% de receptores.

Con el paso de los años, la audiencia de los diarios ha ido evolucionando acorde a la tecnología. Así, se ve una tendencia general en el consumo de estos en la que cada vez menos usuarios consumen información en papel.
Concretamente, en 2008 el consumo exclusivo de información en papel (periódicos, revistas, suplementos…) llegó a su punto álgido, pero, a partir de ese momento, empezó a bajar su consumo exponencialmente y, de casi un 40% de receptores exclusivos, ha llegado a 2021 con apenas un 7% de consumidores.
Ocurre lo contrario en el caso de la información consumida en medios digitales. Su consumo era mínimo a principios de siglo, pero año a año han ido ganándole terreno a los medios en papel y, a partir de 2008, el número de receptores dio un salto exponencial. Actualmente, los receptores de medios digitales que solo consumen información en Internet son más del 30% de la población.

Auge de mecanismos de participación
En los últimos años ha aumentado la necesidad de pensar en el receptor del mensaje como un usuario y no como una audiencia. El periodismo digital o multimedia tiene en cuenta las características y las competencias de este usuario activo (Deuze, 2004).
Son personas que navegan por Internet, que buscan información, que contrastan lo que leen, que la difunden y que la comentan en sus círculos más cercanos. Los usuarios, cada vez más, interactúan con los medios en un contexto que Deuze (2004) llama cultura de la información emergente: la tecnología ha incidido en cómo nos relacionamos con el mundo, y también en la forma de producir, distribuir y comunicarnos.
Hoy en día, ningún medio de comunicación de éxito puede ignorar al ciudadano. El ciudadano tiene voz y el medio lo debe escuchar. Los medios de comunicación ya no son los que deciden todo: la decisión está compartida con el propio usuario. Las conversaciones de Twitter inspiran día a día a los medios: lo que se habla en redes, primero pasa por las redes y luego, si es relevante, se comunica por los medios digitales.
En el ciclo informativo ahora caben blogs, móviles, redes sociales, juegos e incluso recorridos virtuales. El mundo de la información no deja de cambiar y, con él, el receptor. Utilizando herramientas propias de la Web 2.0, se comunica y difunde contenido.
Pampillón (2016) hace hincapié en la idea de humanizar a la sociedad. Una sociedad que, con el auge tecnológico, cada vez está más desconectada de sí misma y es labor del periodista informar y formar a la población.
Poco a poco los medios dejan de lado su enfoque lineal, de arriba abajo, y optan por prácticas y perspectivas mucho más participativas de cara a favorecer la interacción e implicación de la audiencia. Según Deuze (2004), uno de los cambios que se aprecian en el perfil periodístico es que el periodista cada vez abandona un poco más esa individualidad típica de los medios tradicionales. Así, empieza a trabajar como un colectivo y un equipo interdepartamental donde todos se ayudan entre todos y sacan una pieza conjunta.
El periodismo ha evolucionado mucho en los últimos años. En un mundo donde el flujo de información es constante, las barreras convencionales entre medio-audiencia se disipan a diario. Así, las plataformas sociales no solo permiten que los periodistas lleguen a una audiencia masiva, sino que los propios usuarios sean capaces de hacerlo.
En este contexto, surge el periodismo ciudadano. Este desafía el vínculo entre las noticias y los periodistas y permite que personas no profesionales formen parte en la labor informativa y produzcan sus propios productos (Tandoc et al, 2017). Así, el usuario ya no es pasivo y pasa a ser activo: se convierte en productor y consumidor de información (prosumer).
El prosumer (productor y consumidor) hoy en día es un líder de opinión y es el propio prescriptor de la marca. Es un usuario inquieto que no se conforma con consumir toneladas de información, sino que es aquel que busca por sus propios medios y contrasta lo que dicen los medios.
Sin embargo, esto puede tener implicaciones negativas, pues cuantas más fuentes emisoras de información, más fácil es caer en la difusión de desinformación. Si bien es el ciudadano quien aporta información, fotografías y datos, es el periodista el encargado de verificar toda la información y contrastar lo que va a publicarse, en aras de no desprestigiar la sociedad de la información.
Desinformación y fake news
De acuerdo con Razquin (2018), “la irrupción de las redes sociales en el ecosistema tradicional y su forma descentralizada de funcionamiento está en el núcleo del problema” de la desinformación.
Algunas de las consecuencias de la proliferación de contenidos y noticias que pretenden hacer pasar por veraces son que el periodismo de calidad y el derecho de acceso a una información veraz están siendo vulnerados.
A raíz de la pandemia causada por la COVID-19 en 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya reconoce el fenómeno de la “infodemia” y la necesidad de darle “una respuesta coordinada, pues durante la cuarentena la desinformación proliferó sin control y saturó a la población.
Por otro lado, desde el mismo año y por el mismo motivo, la Comisión Europea desarrolló diferentes iniciativas y proyectos para luchar contra la desinformación y las fake news. Sin embargo, la lucha contra la desinformación no es algo nuevo, sino que viene de algún tiempo antes.
En 1940, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, el historiador Robert Park hacía hincapié en que las noticias falsas eran una característica propia de cualquier ecosistema informativo.
Según el informe del Centro Criptológico Nacional (2019), antes de la pandemia más de 20 millones de ciudadanos españoles estaban en riesgo de ser víctimas de la desinformación. En los últimos años, esta situación ha empeorado y, con ella, se ha duplicado la exposición a los bulos. Es por esto por lo que desde hace varios años desde el gobierno se llevan a cabo iniciativas para desarrollar las habilidades necesarias a la hora de identificar una información falsa.
En junio de 2017 el Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre las plataformas digitales y sobre cómo luchar contra la diseminación de noticias falsas. Asimismo, llamaban a los usuarios a participar en la denuncia de estos.
De esta forma, se aprobó un presupuesto de 1,1 millones de euros en el proyecto StratCom con el fin de agilizar el contraste de información y su veracidad. Además, se aprobó en 2018 una normativa para proteger y reforzar el periodismo de investigación (Parlamento Europeo, 2017).
Según Pérez Tornero et al (2018), en 2018 la Comisión Europa lanzó una iniciativa de largo alcance cuyas propuestas consistían en habilitar iniciativas centradas en mejorar la transparencia de las noticias online; promover la alfabetización mediática para que el usuario pueda navegar por Internet e identifique información falsa; acciones destinadas al empoderamiento de la audiencia y de los periodistas para contrarrestar la desinformación; estrategias con el fin de mantener y proteger la diversidad y sostenibilidad del ecosistema mediático; y movimientos orientados a la investigación de las consecuencias de la desinformación.
Sin embargo, según estos autores, la Comisión Europea clasifica la desinformación como un producto del ecosistema mediático y se está desvinculando del discurso político. Asimismo, solo considera su impacto negativo sobre la esfera política. Coinciden en que el papel de la política es determinante a la hora de diseminar noticias falsas y que esto la CE no lo está teniendo en cuenta (Pérez Tornero et al, 2018).
Así, Pérez Tornero et al (2018) proponen centrar la transformación no solo en el sistema de medios de comunicación, sino también en el sistema político, que vive una creciente mediatización e hibridación entre instituciones políticas y mediáticas, y la teoría y la práctica del periodismo. Se trata de una consecuencia derivada de la crisis de la esfera pública y de la transformación de los lenguajes y discursos sociales, cada día más sentimentalistas.
3.1. ¿Dónde y por qué se originan las fake news?
De acuerdo con Tucker et al. (2018), los emisores de fake news pueden ser de todo tipo: trols, bots, páginas fraudulentas, conspiracionistas, políticos, medios de comunicación partidistas y gobiernos extranjeros. Cada uno tiene una motivación. Por ejemplo, los trols buscan que el discurso se polarice y que haya un enfrentamiento entre bandos ideológicos, su motivación radica generalmente en crear discordia y estrés.
El objetivo de cualquier campaña de desinformación es provocar un efecto emocional en el receptor de tal forma que anule su juicio crítico. Puede adquirir la forma de una noticia falsa, una medio verdad o información subjetiva que pretende difuminar los límites entre lo que es opinión y lo que es información (CCN-CERT, 2013).
La información se distribuye a través de perfiles y plataformas que simulan ser creíbles. En muchos casos recurren a imágenes y nombres muy similares (ABCnews.com.co, denverguardian.com…) a medios reales que a simple vista algunos usuarios pueden pasar por alto y creer que se trata de un medio de referencia.
Las redes sociales son uno de los escenarios donde más se difunden las fake news debido a su propia interfaz. Apenas tienen coste de mantenimiento y tienen una gran capacidad de difusión, pues, a medida que más personas consultan información y la comparten, el propio algoritmo más veces lo recomienda.
Según Allcott & Genzkow (2016), esto aumenta la rentabilidad de las estrategias a corto plazo en las redes, ya que para alcanzar a un gran segmento de usuarios no se necesita una reputación construida a largo plazo, sino pequeños impactos que hayan logrado crear una relación con los usuarios. Por otro lado, hace hincapié en que apenas hay espacio para la información de contacto, que suele ser uno de los símbolos de credibilidad, y esto favorece que muchas personas no desconfíen del mensaje.
¿Por qué nos creemos las noticias falsas? Los bulos son piezas informativas que simulan ser reales y que siguen una serie de estrategias para impactar al usuario. Así, siempre contienen algunos elementos verdaderos, por ejemplo, personajes, lugares o fenómenos de actualidad.
Según la investigación de Horne & Adali (2017), las noticias reales persuaden a través de argumentos y fuentes, mientras que las noticias falsas lo hacen a través de la heurística. Esto implica que una información compleja se simplifica y su entendimiento requiere poca energía y cognición para que parezca lógica aún sin serlo y con una cuestionable calidad de la información. Trata de hacer especulaciones y conjeturas para conectar con el receptor, en vez de dar argumentos sólidos y datos objetivos.
Otro factor clave es que son sorprendentes: son informaciones nuevas que no se han dado antes y que suelen ser sensacionalistas y apelar a la reacción rápida de la audiencia. Los titulares tienden a ser provocadores e impactantes. Normalmente, provienen de medios desconocidos o que difieren poco de un medio conocido.
Por otro lado, las noticias falsas habitualmente utilizan un lenguaje subjetivo y no suelen contar con fuentes fiables o reconocidas que contrasten la información. Su objetivo es causar una reacción rápida y por eso muchas veces son noticias que mueren en el corto plazo.
3.2. Consecuencias de la desinformación
El Estado se sustenta porque los ciudadanos confían en las decisiones de sus representantes, las administraciones y las instituciones que lo componen. Si se difunde información falsa y esta relación se quiebra, puede llegar a comprometer la democracia liberal (CCN-CERT, 2013).
Sin embargo, no solo puede quebrar la confianza en el Estado, sino que también afecta negativamente a la confianza que deposita el usuario en los medios. A lo largo de los años se ve una tendencia creciente en la desconfianza de los ciudadanos en los medios de comunicación, sobre todo en aquellos que se difunden online, escenario principal de los bulos.
Según Auberry (2018), el compromiso cívico es la participación de la audiencia, individualmente o en grupo, en desarrollar soluciones para los problemas de la esfera pública. De esta forma, garantizar el acceso y el uso de información veraz es necesario para que los usuarios puedan tomar decisiones.
Entender la desinformación no es tarea sencilla, pues no hay una única causa, sino muchas pequeñas piezas y detalles que contribuyen a ella. Según Razquin (2018), la medida más efectiva para paliar sus efectos es dar una respuesta coordinada entre los distintos agentes que interactúan en el espacio informativo: gobierno, plataformas tecnológicas, medios de comunicación, instituciones académicas y usuarios finales.
En un contexto en el que las plataformas digitales están estructuradas de tal forma que tratan de ofrecer al usuario la información más personalizada, es decir, aquella que se ajusta a sus intereses e ideología, la falta de contraste aumenta aún más.
Como antes se apuntaba, cada vez el usuario tiene menos tiempo y más cosas que hacer en el entorno online. Por tanto, si se le proporciona una vista rápida de los temas que le interesan (Cooke, 2018), rara vez tratará de contrastar esa información o verificar la noticia en otros medios. Es por esto por lo que los discursos online cada día están más polarizados.
En la era de la post-verdad, donde los hechos objetivos pierden peso frente a la manipulación y el sentimentalismo en el discurso político (Pérez Torneto et al, 2018), los usuarios prefieren ignorar y/o pasar por alto aquellas informaciones que no se alinean con sus creencias y pensamientos previos. Se deja ver, por tanto, en palabras de Cooke (2018), una dimensión afectiva a la hora de buscar información, recopilarla y seleccionarla.
De esta forma, la red misma actúa de filtro burbuja, término introducido por Pariser (2011), y el usuario lo permite porque se siente más cómodo y comprendido. Este sesgo endogrupal contribuye a radicalizar las posturas en torno a un tema sin tener unas certezas o argumentos fundamentales y contrastados sobre lo que se está debatiendo.
3.3. Fake news y sus características
Las fake news pueden ser cualquier tipo de información, desde noticias de actualidad, rumores, sátiras hasta anuncios, testimonios y teorías falsas. Con el auge de las redes sociales esto solo se complica más, no solo por el aumento de usuarios que las propagan, sino por el alcance que en apenas unos instantes pueden tener.
La naturaleza propia de Internet permite que se comparta todo tipo de información, tanto falsa como verdadera y, por tanto, la diseminación de bulos puede atentar contra el compromiso cívico. Así, cuando se crea una información con el objetivo de generar tráfico web y ganar ingresos por anuncios afecta negativamente a la participación ciudadana, ya que afecta a la decisión de los votantes (Auberry, 2018).
Según Zhang & Ghorbani (2019), las características de las fake news se pueden resumir en tres: volumen, variedad y velocidad. En un panorama mediático sobresaturado de información y donde cualquiera puede producir y difundir contenido, distinguir bulos de información veraz se convierte en toda una odisea.
La velocidad es un factor clave. Una noticia falsa que no se propaga con rapidez no causa el efecto deseado, no funciona. No son noticias al uso: su misión es apelar a las emociones y que el usuario las comparta a un ritmo frenético. Algunas páginas se crean solo durante unos días, pero en esos días consiguen tanto tráfico que generan ingresos.
Si bien siempre han existido fake news, la proliferación actual de bulos se debe entender dentro de un contexto social en el que interactúa todo el sistema de información (Zhang & Ghorbani, 2019). Así, se convierte en un factor determinante la capacidad tecnológica de las redes sociales a la hora interactuar y compartir el contenido (Olteanu, Kiciman & Castillo, 2018).
3.4. Tipos de fake news y cómo detectarlas
Tandoc et al. (2017) recoge seis tipos de fake news, de acuerdo a diferentes estudios: sátira, parodia, fabricación, manipulación, propaganda y publicidad.
Sátira: Se difunde desde el humor o la exageración para presentar una información actualizada. Suele ser de acontecimientos de última hora y suelen imitar los formatos de los grandes medios de comunicación, por ejemplo, como si se tratara de un telediario. La intención es entretener y divertir al público mientras lo mantienen informado.
Parodia: Como la sátira, también se centra en el humor como forma de conectar con la audiencia. En su formato trata de parecerse a los medios, pero no trata de informar sobre acontecimientos. Suele ser ficción y recrea situaciones hipotéticas que no han pasado. El usuario es consciente en todo momento del contenido que está consumiendo.
Fabricación: En este caso si se trata de información que no tiene una base, pero que se publica como si se tratara de un artículo periodístico. Al contrario de lo que ocurre en los ejemplos anteriores, el usuario no es consciente de que podría estar ante una información falsa, de hecho, la intención del emisor de la información es que el receptor no se percate.
Manipulación: Suele darse tanto en las fotos como en los vídeos (deep fake). Se utilizan fotos y vídeos editados o fuera de contexto para crear una narrativa falsa e impactar en el usuario. Puede darse en diferentes niveles, desde eliminar pequeños elementos de una fotografía hasta añadir personas en una foto que antes no estaban.
Propaganda: Hace referencia a aquellas historias y aquella información que es creada por políticos para mejorar su imagen e influir en la percepción del pueblo sobre el partido o la figura política en cuestión. El objeto del beneficio suele ser una figura pública, una organización o el propio gobierno.
Publicidad: Se trata de aquella información que se difunde en un medio de comunicación buscando favorecer la imagen de una empresa y atraer público a ella. Al estar publicado en un medio fiable el usuario puede creer que se trata de información contrastada y objetiva. Suelen ser reclamos publicitarios que buscan el clic fácil del usuario. El usuario no es consciente de que se trata de una información pagada.
Por otro lado, Nielsen & Graves (2017) añaden una nueva clasificación: el periodismo pobre. Este consiste en un periodismo superficial, carente de cualquier adecuación, contraste y verificación cuyo fin no es otro que el reclamo publicitario y el sensacionalismo.
Zhang & Ghorbani (2019) distinguen tres estadios en el ecosistema de detección de fake news. Llaman al primero de ellos “Alert System” y este se da cuando se empieza a dudar de un contenido concreto, bien sea por el análisis del autor, los seguidores, los datos emitidos, la plataforma, la hora de publicación o simplemente por el tema que es.
Al segundo estadio lo llaman “Detection System”, este es el más común y es en el que normalmente se centran todos los verificadores de noticias actuales. En él se detecta la información falsa, se analiza la intención de la misma y también quién es el autor, el contenido y el contexto social en el que se ha difundido.
El siguiente estadio es el “Intervention System” y en él los profesionales que han sido alertados son los encargados de eliminar el contenido, difundir información contrastada sobre el hecho en cuestión y tratan de frenar la difusión de la noticia falsa. Sin embargo, en la mayoría de casos prolifera más la versión falsa que la contrastada.
Según Horne & Adali (2017), una vez dentro del análisis del contenido, las noticias reales suelen ser más largas que las falsas, además aluden a palabras más técnicas, palabras más largas, así como más signos de puntuación, hacen referencia a más fuentes y su léxico es más complejo. Además, en estructura interna los bulos tienen elementos en común con la sátira.
Esto implica que las fake news están diseñadas para que cualquier persona, sin importar su nivel de educación, pueda leerlas. Asimismo, la información tiende a ser redundante, requiere una menor capacidad de análisis y tiende a nutrirse de pronombres personales para llamar la atención del receptor (yo, nosotros, tú), nombres y muchos adverbios (Horne & Adali, 2017).
La forma más rápida de identificar si se trata de una fake new es observando el titular. Según Horne & Adali, (2017), siguen las herramientas del marketing a la hora de llamar la atención sobre un producto, suelen poner en mayúscula la primera letra de cada palabra para favorecer una lectura rápida y utilizan adjetivos calificativos para infundir opinión. Suelen ser titulares largos que incluyen una multitud de nombres y entidades para tratar de avalar su relevancia y credibilidad.
Fact-checkers
4.1. Una necesidad creciente
Según el estudio Data Never Sleeps 9.0 de DOMO, empresa de servicios en la nube, en 2021 la producción de contenido en Internet subió exponencialmente y con ella la cantidad de personas que lo utilizan diariamente, concretamente, 5.200 millones de personas. Así, recoge que cada minuto en Internet se publicaron más de 65.000 fotos, 575.000 tweets y 694.000 horas de vídeo.
En este contexto, podemos entender que cada año la cantidad de información que los usuarios tienen que procesar es mayor y, por tanto, contrastar y verificar cada contenido que se recibe es una tarea que pocos usuarios hacen. El volumen de datos que se genera a diario crece a un ritmo vertiginoso y comprobar todas las informaciones se vuelve imposible (Vizoso et al, 2018).
Con el fin de detener esta oleada de desinformación, en los últimos años ha aparecido un nuevo fenómeno: el fact-checking o sistemas de verificación. Muchos autores han trabajado en el análisis de estas nuevas organizaciones que parece que han llegado para quedarse, los ejemplos más conocidos en España son Maldita.es y Newtral.es, pero hay muchos otros.
Según Zhang & Ghorbani (2018), los verificadores de noticias pueden advertir sobre informaciones falsas y no contrastadas, pero no pueden evitar la propagación de noticias. Es más, para poder alertar sobre el bulo, este tiene que haberse difundido en la red.
En los últimos años, muchos de los medios más tradicionales, tanto prensa escrita como digital, han usado la verificación como un tipo de periodismo. Los verificadores de noticias se han extendido por todo el mundo, desde países más pequeños, como Albania o Moldavia, hasta gigantes como Estados Unidos, India o Australia (Amazeen, 2015).
Según Amazeen (2015), es un tipo de periodismo que se basa en el principio de “accountability” o rendir cuentas, es decir, es una herramienta que vigila y evalúa que, en este caso, el contenido que se está difundiendo sea veraz y transparente.
El objetivo de un verificador de noticias no es otro que desenmascarar aquella información falsa que está siendo difundida o que está publicada con errores y de forma ambigua, independientemente de cuál sea la fuente. Según Amazeen (2015), al ser una herramienta de la que se nutren varios medios, les respalda una credibilidad que, por ejemplo, un bloguero no profesional no tiene. El reto de estos verificadores es que al estar bajo el yugo de una línea editorial a veces ser imparcial y juzgar todos los bulos por igual, no es fácil.
Asimismo, otro objetivo es volver a investigar y profundizar en hechos que han impactado en la vida de sus receptores (Amazeen, 2015). Las redes sociales son el caldo de cultivo perfecto y se han convertido en una de las herramientas fundamentales para encontrar bulos (Vizoso et al, 2018). Asimismo, Brandtzaeg et al (2015) hace hincapié en que verificar una noticia que se disemina en las redes sociales es muy complejo, ya que es un constante flujo en movimiento y en tiempo real de información que el usuario produce y consume al mismo tiempo.
4.2. Origen y actualidad de los verificadores
Según Graves, Nyhan & Reifler (2016), los verificadores de noticias son una de las innovaciones periodísticas más significativas de los últimos años. Su precursor fue el “ad watch” un formato que se extendió en los años noventa para evaluar la precisión de la publicidad política.
Así, los primeros verificadores surgieron en Estados Unidos con la llegada del siglo XXI y con el objetivo de evaluar y sacar a la luz todas esas afirmaciones hechas públicamente por los políticos. Esto empezó a ser una herramienta utilizada por casi todos los partidos políticos y, poco a poco, sobre todo desde 2010, se ha ido extendiendo hasta surgir organizaciones e iniciativas dedicadas únicamente a verificar hechos y contrastar la información publicada en los medios y en Internet en general (Graves & Cherubini, 2016).
De acuerdo con Graves, Nyhan & Reifler (2016), el germen de los verificadores tal y como hoy los conocemos no fue otro que las elecciones de 2004 en Estados Unidos donde se enfrentaban George W. Bush y John Kerry. Para evaluar sus discursos políticos los medios dedicaron equipos a jornada completa a analizar los mensajes.
A partir de ese momento, se popularizó esta rama del periodismo y surgieron tres iniciativas dedicadas a verificar mensajes políticos: FactCheck.org (2003), PolitiFact (2007) y el Fact Checker del Washington Post (2007). Todas lograron una gran visibilidad en el país y poco a poco su influencia se extendió al resto del mundo (Graves, Nyhan & Reifler, 2016).
Si la tecnología avanza también avanzan los equipos. El equipo de verificadores cada vez abarca más disciplinas periodísticas, desde expertos en la visualización y minería de datos a programadores y periodistas especializados en redes sociales. Cada vez se conciben menos como unidades independientes y más como parte de la empresa informativa (Vizoso et al, 2018).
Muchos de los verificadores de noticias actuales están sustentados y financiados por un medio y seguir la línea editorial del mismo es clave para su supervivencia (Graves & Cherubini, 2016). Asimismo, estar bajo este yugo tiene ventajas, pues tienen acceso a los recursos editoriales e infraestructuras de grandes grupos de comunicación. Así, si el apoyo del medio a la iniciativa cesa, no hay forma de seguir. Por tanto, se abre el debate sobre qué es mejor: más alcance o más independencia.
En el caso de España, los verificadores más conocidos son precisamente aquellos que operan lejos de los medios tradicionales. A pesar de no contar con los mismos recursos editoriales, infraestructuras y respaldo financiero, han demostrado ser empresas sostenibles. Es decir, no necesitan el respaldo de un gran medio para producir y crecer sustancialmente. Se trata de un panorama diverso (Graves & Cherubini, 2016).
De acuerdo con Brandtzaeg et al (2017), se debe hacer una clasificación en dos categorías: verificadores de noticias y servicios de verificación. Al primer grupo pertenecen organizaciones que se dedican al análisis de información de dominio público y tratan de evaluar su fiabilidad para guiar al usuario sobre la credibilidad de noticias, generalmente, online, algunos de ellos son: FactCheck.org, Snopes, StopFake, a nivel mundial, y Maldita.es, Newtral.es, Verifica RTVE y EFE Verifica, a nivel nacional.
Por otro lado, los servicios de verificación son aquellas herramientas al alcance del usuario final (Brandtzaeg et al, 2017). Son plataformas o servicios online generalmente gratuitos que pueden ayudar al usuario a identificar la autenticidad de textos, imágenes y vídeos. Suelen aplicar algoritmos y muchos periodistas los usan en su día a día, algunos de ellos son: TinEye, UrlScan o WaybackMachine.
4.3. Retos y nueva implementación tecnológica
La velocidad de propagación de un contenido es indiscutible, pero el trabajo periodístico para comprobar la veracidad de ese contenido no es tan rápido. Profundizar en la información, la fuente original de emisión de un mensaje y comprobar todos los datos requiere tiempo y esto a menudo es uno de los principales problemas que enfrentan los verificadores. Adaptarse al ritmo de una redacción o de un cibermedio no es fácil cuando hay que fijarse en cada detalle para informar correctamente al usuario. En el proceso de verificación es más importante la credibilidad que el tiempo (Vizoso et al, 2018).
El trabajo periodístico exige que el profesional no solo dedique tiempo a plasmar la información, sino que también tenga tiempo de profundizar en el análisis de los datos y en la fuente emisora de los mismos, así como en los contactos esenciales a la hora de sacar una información (Brandtzaeg et al, 2015).
El fact-checking ha echado raíces tanto fuera como dentro de los medios de comunicación y se ha visto una tendencia en los últimos años de seguir diseminándose por todo el mundo (Graves & Glaisyer, 2012). Así, surgen cada vez más herramientas de verificación de datos al alcance no solo de periodistas, sino también de los ciudadanos. Las tecnologías, a su vez, potencian que cada vez los procesos de análisis se vuelvan más sofisticados y que la audiencia se muestre dispuesta e interesada en descubrir bulos en Internet.
En este contexto, surgen varias herramientas de verificación que pueden ser usadas tanto por periodistas como por los usuarios finales como por ejemplo algunas especializadas como Google News’ fact-check tag o Storyful u otras que habitualmente no se utilizan solo para verificar información, como Google Images o Google Maps con la funcionalidad del Street view (Vizoso et al, 2018).
Por otro lado, Brandtzaeg et al (2015) señalan otras herramientas online al alcance de los usuarios como SocialMention, Fastfact, Topsy, Sulia, TinEye, FotoForensics y Trackur. Sin embargo, el autor hace hincapié en que muchos periodistas desconocen la existencia de estas herramientas o simplemente no las utilizan por el ritmo frenético de los medios de comunicación. Sin embargo, un fallo en el proceso de contraste puede llevar a la desconfianza del usuario en el medio de comunicación (Brandtzaeg et al, 2017).
De acuerdo con Brandtzaeg et al (2017), los verificadores de noticias pueden beneficiarse de la colaboración entre profesionales y no profesionales. De esta forma, sería positivo que los usuarios finales participaran en el proceso de verificación. Asimismo, podrían comentar tanto los puntos fuertes como débiles de las conclusiones extraídas por el verificador. Proponen cambiar el foco, en lugar de verificar información para los usuarios, co-verificar noticias con ellos, es decir, hacerlos partícipes del proceso e informarlos al mismo tiempo que formarlos.
Un reto que plantea Nyhan & Reifler (2014) es cómo atraer a las personas menos alfabetizadas políticamente a la esfera pública, ya que normalmente son las que se sienten menos atraídas por los verificadores y la información en sí. Cuando se suelen consultar más informaciones de verificadores es en un contexto electoral, porque es cuando la gente se ve en la necesidad de informarse para poder ejercer su derecho a voto.
La accesibilidad de estos datos y el tiempo que tome acceder a los mismos es crucial a la hora de garantizar la verificación del contenido, ya que consume mucho tiempo. En esta línea, Brandtzaeg et al (2015), proponen abrir un diálogo interactivo con la audiencia de las redes sociales, una audiencia muy diversa que puede aportar información de interés y valor sobre un tema específico.
Según Brandtzaeg et al (2017), la mayoría de periodistas confían más en métodos individuales de verificación, a través de Google, Facebook, Twitter o llamando por teléfono, más que en herramientas diseñadas para ello. Esto se debe a que estas herramientas requieren un manejo tecnológico y conocimiento del proceso de verificación para evaluar si la información extraída gracias a la herramienta es fiable.
4.4. Proceso de verificación
Una vez que una información falsa se propaga por Internet, se vuelve muy difícil rastrear el origen de su fuente emisora y también contrastar dicha información, especialmente si medios reconocidos de noticias avalan esa información no verificada. De acuerdo con Graves & Glaisyer (2012), esto se dificulta aún más debido a dos factores: que estamos ante un panorama mediático cada día más fragmentado y que la audiencia se muestra reacia a cambiar de opinión ante unos datos que consideraba correctos.
Graves (2017) establece una clasificación en cinco fases del proceso de verificación de noticias:
Elegir afirmaciones que verificar. A pesar de la cantidad ingente de información que se difunde día a día, encontrar un hecho comprobable y de interés social y político no es tarea fácil. Por ejemplo, en el caso de un testimonio político, los verificadores se encuentran ante el problema de qué es opinión y qué es información contrastable.
Contactar a la fuente emisora. Graves recalca la importancia de dar la opción al emisor de los hechos de dar cuenta de sus palabras. Así, también se deben pedir los datos mencionados para comprobar si se trata de una selección parcial de la información. Si bien las figuras públicas no son alcanzables, sí lo son sus equipos de comunicación.
Rastrear las afirmaciones falsas. Esta tarea suele empezar en Google y desde ahí se investiga cada enlace y cada referencia para tratar de llegar al origen de por qué se hizo la comunicación, por ejemplo, si se trata de un error en la traducción.
Trabajar con expertos. Tratar de alcanzar fuentes expertas suele ser uno de los problemas recurrentes en el proceso de verificación. En ocasiones, las fuentes que se necesitan consultar son primarias y no pueden dar los datos necesarios, apoyarse en una fuente secundaria puede ser peligroso. Muchas veces la solución más rápida es contar con analistas profesionales de datos.
Mostrar el trabajo. Tener los datos bien atados es fundamental en este último paso, ya que el objetivo es mostrar al usuario final una información transparente y fiable. Se le tiene que ofrecer la posibilidad de que él mismo verifique la información y compruebe que se ha cumplido el objetivo de verificación.
En esta línea, Lim (201) hace hincapié en las dificultades de verificar una afirmación política y cómo a veces los verificadores fallan a la hora de dar una respuesta a la población. Así, sugiere que se hagan esfuerzos conjuntos entre verificadores como una forma de cumplir el papel con el que fueron creados: perro guardián político para prevenir a la sociedad de las mentiras de los políticos.
De acuerdo con los datos recogidos por Nyhan & Reifler (2014), hay una alta posibilidad de que la exposición a la verificación de noticias impacte en la audiencia y se sientan más confiados en cuanto a su conocimiento sobre política. De esta manera, se sienten más cómodos a la hora de participar en el debate político. Sin embargo, también podría ocurrir el efecto contrario, la audiencia al ver que ha consumido información falsa y se la ha creído, podría dudar de su capacidad y entendimiento y desconectar de la política.
4.5. Buenas prácticas en la verificación
De acuerdo con Dobbs (2012), un profesional que se dedique a la verificación de hechos tiene que seguir una serie de prácticas, algunas de ellas son:
Verificar todo dos veces. La audiencia puede llegar a comprender que una persona se equivoque en una información, pero cuando esa persona se dedica a contrastar información no puede haber errores.
Tener en cuenta las dos caras de la información. Si el profesional solo se enfoca en una de las caras de la información, puede perder credibilidad, ya que no está contrastando la información de todas las fuentes que han intervenido en el proceso. Esto es especialmente delicado porque más que un verificador puede ser visto como una herramienta de una campaña política.
Evitar las falsas equivalencias. A veces, las figuras públicas tienden a exagerar logros e información en aras de ganar votos, pero hay que tener cuidado a la hora de juzgar esa información como una noticia falsa.
Verificar hechos y no ideología. No se trata de evaluar la ideología de un candidato, ya que una opinión no tiene una base empírica ni se sustenta en hechos. Cada partido y cada persona tiene su opinión y esto no son datos contrastables. Lo único que pueden hacer los verificadores es examinar los datos que se están empleando para evaluar si son verdaderos, falsos o sacados de contexto.
Buscar ayuda en los lectores. La audiencia es importante y los periodistas no pueden ser expertos en todas las áreas. Los usuarios son una fuente de conocimiento y su ayuda a la hora de contrastar una información puede ser clave.
5. Modelos de éxito en España
5.1. Verifica RTVE
Se consolidó en el año 2019, justo al inicio de los contagios por coronavirus y vivió sus primeros meses de vida durante la pandemia. Sin embargo, la propia naturaleza del medio en el que se integra, Corporación de Radio y Televisión Española, hizo su proceso más fácil, pues cuenta con un gran número de expertos en diferentes áreas.
En una primera conversación con el equipo de Verifica RTVE, se llegó a la conclusión de que, en la mayoría de los casos, es el ciudadano quien se interesa por verificar una información y el equipo de verificación se ocupa de responder si se trata de un bulo, una información manipulada o si se puede contrastar.
Según el equipo, a la redacción llegan entre 30 y 40 peticiones diarias (correo y WhatsApp), pero no se puede dar respuesta a todas. A la hora de decidir, se tiene en cuenta si es un tema recurrente, si se puede contrastar, si es de interés público, si es viable y si lo proponen varios usuarios. Por otro lado, todos los profesionales de la información de RTVE pueden proponer noticias y/o afirmaciones que comprobar.
Si el usuario ha propuesto un tema que anteriormente se ha tratado, se le remite a otras informaciones verificadas y contrastadas que pueden consultar. Una vez se ha decidido qué informaciones se abordarán, se procede al análisis.
Una vez el equipo ha verificado la información y la ha contrastado con diversas fuentes, se le envía al usuario que lo solicitó y se publica si se trata de un tema que puede ser interesante. Sin embargo, el volumen de trabajo que les llega es tal que muchas veces no pueden dar respuesta a todas las peticiones.
En este planteamiento el usuario asume un papel pasivo. Si bien su interés es el que origina la conversación, la comunicación acaba en el momento en que obtiene una respuesta, pero no se abre un diálogo con él ni se le suma a la verificación.
Según Verifica RTVE, esto se debe principalmente a que no disponen de recursos humanos ni tiempo suficiente para hacer frente a todas las peticiones y noticias falsas que circulan en la red. Intervienen dos factores, pues si profundizan mucho en la verificación, atienden menos peticiones. Es una cuestión de prioridades. Muchas veces dan respuesta a bulos que el equipo encuentra en la red.
Por otro lado, cabe destacar que en los últimos meses han empezado a trabajar en la alfabetización ofreciendo herramientas y claves, por ejemplo, en materia de ciberseguridad. Sin embargo, aún queda mucho terreno por recorrer.
Una característica que diferencia a Verifica RTVE del resto es que tiene una “caja de herramientas” a disposición de cualquier usuario. Es más, las herramientas que recomienda son las mismas que utiliza y hay una amplia variedad. Así, encuentras desde herramientas online fáciles de utilizar como otras más complejas que exigen una serie de conocimientos tecnológicos y de la plataforma previos. Estas son algunas de ellas:
Archivo: Archive y WayBackMachine se utilizan para consultar la versión actual de una web y su primera versión.
Fotografía: InVID, Google Images, Searchbyimage, GoogleLens, TinEye o ImageForensic se utilizan para hacer búsqueda inversa de imágenes, es decir, buscar su primera aparición y otros sitios web donde se ha publicado.
Vídeo: AzureVideoAnalyzer, para identificar caras, realizar capturas y búsquedas inversas; YoutubeDataViewer, búsqueda inversa para ver primera aparición; y DesgrabadorChequeado, para transcribir vídeos de YouTube.
Buscador: Google, Yandex (Rusia y países de su órbita) y Fact-checkExplorer, buscador de palabras clave para validar bulos.
Geolocalización: Google Maps, Yandex Maps, Mapillary, Wikimapia o Google Earth para comprobar localizaciones concretas y un histórico de cómo eran.
Cronolocalización: Wolfram Alpha, para saber qué tiempo hacía en un lugar concreto a una hora; Suncalc, cómo era la sombra en un lugar a una hora.
Metadatos: Metada2go o SendtoExifViewer, metadatados de imágenes con visor de EFIX.
Usuarios: Namecheckr, para encontrar un usuario en otras redes; y Socialblade y Account Analysis, para analizar datos en redes sociales.
Sitios web: DomainBigData, para obtener datos de registro; Whoisology, para buscar dueños de dominios y otras conexiones; y UrlScan, para analizar si un link es malicioso o fiable.
Redes sociales: Hoaxy, para analizar expansión de mensajes; Crowdtangle Link Checker, para analizar difusión en Facebook, Instagram y Reddit; Tweetdeck, para monitorizar listas, trending topics y última hora; Telegram Analytics, investigar temas de conversación o canales.
5.2. EFE Verifica
Este servicio de verificación de datos fue lanzado en 2019 con el objetivo de responder a una ola cada día más grande de desinformación. Pretende ser la barrera que proteja al usuario de mensajes, vídeos, fotografías o declaraciones falsas que circulan por la red.
Según presentan en su página web, luchan contra la desinformación de dos formas:
Comprueban los contenidos y mensajes que se vuelven virales en Internet o que se difunden en el discurso político.
Explican y contextualizan los hechos que pueden parecer confusos y dividen a la sociedad.
Precisión y transparencia son los dos principios que rigen su metodología. Afirman que trabajan desde la imparcialidad y la independencia. Los mensajes que analizan son los que el equipo, formado por seis personas en España, encuentra o porque la audiencia los envía al correo o WhatsApp. Los pasos que siguen son los siguientes:
Selección de información. En este caso se tiene en cuenta si se trata de un texto, una foto, un vídeo e incluso un meme, ya que la información que se comparte puede ser errónea. Se decide si se elige en base a si cumple alguno de estos requisitos: se ha difundido mucho, son un peligro para la opinión pública o aportan una información útil para el ciudadano. Hacen hincapié en que todas las verificaciones se basan en datos y no en opiniones.
Verificación. El equipo de verificadores se ocupa de ir a la fuente original del mensaje y pedir información adicional sobre el mismo y sobre el contexto. Si es una fotografía o un vídeo se trata de localizar la primera imagen para comprobar si ha sido manipulada. Además, se recopilan todas las pruebas y herramientas para que, si el usuario final quiere, pueda reproducir toda la información.
Evaluación. Una vez todas las comprobaciones están hechas, se ofrece una conclusión final sobre el hecho. De esta manera, se explica cómo esta afirmación se ajusta o no a la realidad.
Revisión y publicación. Toda verificación es revisada por al menos dos miembros del equipo de verificación y al menos un editor de la Agencia EFE, en general.
A diferencia de otros verificadores, como Verifica RTVE, EFE Verifica no usa etiquetas. Considera que tratar de clasificar los contenidos puede ser reduccionista, ya que en muchos casos se explica en qué medida la afirmación se ajusta o no a los hechos.
Por otro lado, desde mayo de 2020, Efe Verifica forma parte del servicio de verificación externo de Facebook, así los verificadores tienen a su servicio una enorme base de datos, fotos y vídeos que se actualiza constantemente.
5.3. Maldita.es
Maldita.es es un medio sin ánimo de lucro que se constituyó como asociación en 2018 con el objetivo de dar al ciudadano herramientas para que pueda luchar contra la desinformación. Sin embargo, años antes ya había estado funcionando a modo de blog. Hoy en día es una asociación, pero el objetivo es cerrarla poco a poco. En 2019, gracias a un crowdfunding consiguieron crear una fundación, pero a día de hoy son dos entidades diferentes hasta que se acaben los proyectos iniciados en la asociación.
Dentro del medio, hay varias patas: Maldita Hemeroteca, Maldito Bulo, Maldita Ciencia y Maldito Datos. A pesar de que cada rama se especializa en un área, la meta de todas es la misma: controlar la desinformación y el discurso público gracias a técnicas de verificación y periodismo de datos.
Uno de los objetivos clave de la asociación es promover la alfabetización mediática y dotar al usuario de herramientas tecnológicas que le permitan defenderse ante las noticias falsas. Con el paso de los años han conseguido formar una comunidad que participa activamente y nutre de propuestas al medio.
Como en los ejemplos anteriores, el usuario participa en el proceso de selección de la información que se va a tratar. Así, la audiencia puede pedir a Maldita.es que analice un hecho a través de un mensaje de WhatsApp.
Maldita Hemeroteca fue galardonada en 2015 con el Premio José Manuel Porquet de Periodismo y esta y otras ramas han sido ganadoras de otros premios desde entonces (Premio Protección de Datos, Premio GO! Diputación de Valencia, Premio Vifor Pharma…). Además, son el único medio español parte del Grupo de Alto Nivel sobre fake news y desinformación, nombrado por la Comisión Europea en 2018.
Para abordar esta lucha, colaboran con otros medios, así el alcance de la verificación es mayor. Hacen hincapié en que se rigen por una estricta política de neutralidad y que todos sus contenidos son apartidistas.
Por otro lado, en aras de garantizar la transparencia y aumentar la credibilidad del usuario en el medio, cada año publican un balance anual de sus cuentas, tanto de la asociación como de la fundación.
Uno de los grandes activos de Maldita.es es que forma parte del programa de verificación de Facebook. Así, el conglomerado de plataformas sociales le paga al medio por verificar aquellos contenidos que se viralizan dentro de sus entrañas. Todos los contenidos se verifican en base a la metodología de Maldita.es y, según indican, Facebook no tiene ningún papel editorial en este proceso.
Por otro lado, durante 2020 lanzaron en WhatsApp el primer chatbot automatizado para luchar contra la desinformación y han realizado diferentes acciones de la mano de Twitter con el fin de formar a los usuarios sobre cómo luchar contra la desinformación. Asimismo, colaboran con la incubadora tecnológica de Google Jigsaw para desarrollar herramientas con base en inteligencia artificial para identificar la desinformación.
En su página web tienen colgadas tres metodologías: Maldito Bulo, Maldito Dato y Maldita Ciencia. Veamos la metodología de Maldito Bulo:
El contenido que se va a verificar se elige de acuerdo con dos principios: viralidad y peligrosidad. Se priorizan aquellos bulos cuyo impacto sea reseñable. De esta forma, además de centrar los esfuerzos en verificar aquellas noticias de mayor interés público, evitan dar aún más difusión a aquellas desinformaciones que no se han extendido demasiado. Por otro lado, hablamos de peligrosidad cuando se trata de una situación de crisis: por ejemplo, un atentado o catástrofes naturales. Todos los bulos que afecten a la salud pública o convivencia serán verificados en el momento que se detecte.
La verificación se lleva a cabo en tres pasos. Primero, un miembro del equipo se hace responsable del caso e investiga la posible desinformación. Para ello, debe ponerse en contacto con las fuentes primarias y verificar el origen de la emisión. Asimismo, contrasta todas las fuentes oficiales necesarias y lleva a cabo los procesos tecnológicos que sean necesarios, especialmente si se trata de una imagen o vídeo.
Luego, entrega una primera versión en un grupo de Telegram y el resto del equipo plantea dudas sobre la verificación. Así se cuestionan las fuentes empleadas, los procesos que se han llevado a cabo y si la conclusión final es adecuada.
Por último, tras auditar el trabajo, el desmentido se somete a votación. Tiene que pasar por el filtro de los nueve editores seniors de Maldita.es. Si no existe ningún voto en contra, será publicado con cuatro votos a favor. Si hay un voto en contra, se tienen que resolver las dudas pertinentes y volver a someterse a votación. Se pueden vetar desmentidos siempre que las razones se argumenten y no se basen en cuestiones ideológicas.
Las diferentes tipologías que se utilizan son: bulo, cuando la información se ha podido contrastar y comprobar; no hay pruebas, cuando los contenidos no se pueden verificar, pero tampoco aceptar, ya que sí se da desinformación; qué sabemos, formato empleado para aportar contexto ante un contenido del que no se tiene suficiente información, pero que sí se han extraído datos de los actores implicados.
Esta forma de etiquetar la información es compartida, en cierta medida, con el resto de verificadores, pues todos usan fórmulas parecidas.
5.4. Newtral.es
Es un medio de comunicación constituido como empresa en 2018 por la periodista Ana Pastor y a día de hoy sigue siendo su única accionista. Forma parte de la start-up de producción audiovisual Newtral Media Audiovisual, producida por El Objetivo de LaSexta (2013). Este programa es pionero en España por ser el primer proyecto periodístico enfocado en la verificación de noticias. Además, su equipo fue el primer signatario español de la Red Internacional de Verificadores (IFCN).
Newtral.es trabaja en tres áreas de negocio: producción de programas, nuevas narrativas en redes sociales, fact-checking y protocolos de Inteligencia Artificial. Además de ofrecer verificaciones en su web, también destaca por sus explicativos y visualizaciones. El equipo del medio es interdisciplinar y está formado tanto por periodistas, investigadores y documentalistas como por ingenieros, programadores y grafistas.
Al igual que Maldita.es, cada año aporta información sobre sus ingresos, las acciones que han llevado a cabo y los resultados obtenidos. Según los últimos datos publicados, en julio de 2021, 83 personas conformaban la plantilla del medio, de las cuales 55 eran contratadas indefinidas, 10 en prácticas, 9 temporales y 9 becadas.
Como miembro de la IFCN (International Fact-Checking Network), colabora con Facebook en su programa de verificación de contenidos (textos, fotos y vídeos). Además, desde 2020 asesora al equipo de TikTok en cómo incentivar que los usuarios intervengan en la reducción de la desinformación y la divulgación de contenido no verificado.
Este medio también sigue el modelo de peticiones vía WhatsApp. Según consta en su web, fue el primero en implementar el servicio de verificación bajo demanda. Además de recibir comprobaciones sobre fakes, memes, bulos, declaraciones políticas y artículos a través de esta vía, también las recibe a través de redes sociales y vía email.
Durante la pandemia, Newtral.es tuvo que transformar su modus operandi y una de las cosas que implementaron fue un bot automatizado que respondiera en cuestión de segundos y de forma automática las solicitudes de sus usuarios. Así, si un usuario preguntaba por una información ya resuelta, el bot le devolvería la información ya verificada. Durante la pandemia, gracias al bot se participó en la resolución de hasta el 30% de las solicitudes.
Según el medio, su metodología se fundamenta en un trabajo riguroso, independiente y neutral que persigue la honestidad y objetividad del discurso público. Uno de los pilares fundamentales del medio es la transparencia.
Su proceso de verificación sigue los siguientes pasos:
La escucha. El equipo de verificadores recoge todos los días las declaraciones de los políticos de los distintos partidos, tanto en ruedas de prensa como en periódicos, radio, TV y redes sociales.
Elección. Se clasifican todas las afirmaciones en función de si tienen interés o relevancia. Todas las decisiones se toman desde un punto de vista puramente periodístico donde se valora la trascendencia de la declaración y del autor de la misma. Además, se tiene en cuenta si la información se puede contrastar o si es meramente una opinión o una información ambigua intencionada.
Fase de verificación. Los datos son la herramienta base de Newtral.es y, por tanto, lo primero que el equipo hace es consultar todos los datos públicos y oficiales. Para ello, se nutre de profesionales y expertos que ayudan a los periodistas a situarlos en un contexto y aclaran sus dudas al respecto.
Tres filtros. El proceso de verificación tiene que llevar a cabo un riguroso procedimiento de tres pasos: revisión por pares, revisión del coordinador y visto bueno del jefe de redacción.
Cuatro categorías. En función de la veracidad del hecho en cuestión se clasifica como: verdadero; verdad a medias, cuando la información es correcta, pero necesita más datos y contexto; engañoso, cuando la información cuenta con datos correctos, pero ignora elementos fundamentales o se mezcla con datos incorrectos; falso.
Uso de fuentes. Todas las fuentes empleadas son citadas públicamente y debidamente justificadas. Los profesionales y expertos que acompañan en el proceso de verificación también son mencionados con nombre, apellido y referencias académicas que avalan su relevancia.
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